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Edú Lombardo: “Me siento orgulloso de ser murguista”

A Edú Lombardo le brillan los ojos cuando habla de murga. Y tiene sentido, porque aunque es compositor (y docente, y tallerista, y percusionista) y tiene su proyecto solista, se inició en la murga de chico y sus composiciones, aunque fusionan más de un estilo, están teñidas de este género.

Este jueves se presenta en la Sala Hugo Balzo, en el marco del Ciclo Cuerdas. Es una buena oportunidad para verlo tocar después de un tiempo con su banda, integrada por Martín y Nicolás Ibarburu, Ney Peraza, Gerardo Alonso, Pablo Leites, Lucía Gatti, Marcel Keoroglian y Pablo Routin, con Hernán Peyrou como invitado. Es el comienzo de una serie de shows que sigue esta misma semana en San Carlos y Rocha.

Mientras prepara estas fechas, habló con MUS en su casa de El Pinar sobre su carrera y su forma de componer. Insiste en que esto último le cuesta, pero en época de Copa América es inevitable recordar que una de sus canciones, Descolgando el Cielo, ya es un himno del fútbol uruguayo.

¿Cuándo compusiste Descolgando el Cielo?

2011, antes de la Copa América, porque fue para un segundo disco. Se estaba armando y justo apareció la Copa América.

Hace poco hicieron una intervención con esa canción en Tres Cruces, ¿qué sentís cuando pasa eso con un tema tuyo?

Es lindo que se versione, a mí me gusta. Es un orgullo, un privilegio. Ya he visto varias versiones, de niños en escuelas, de niños que se juntan de colegios y liceos, y la verdad que es muy lindo, que la gente se junte y lo canten. Yo nunca pensé que iba a pasar esto con una canción. O sea, cuando hacés una canción nunca sabés qué va a pasar. Hay veces que se transforma en más masiva, que la gente se la apropia.

Hacés muchas cosas dentro de la música. Sos murguista, director, percusionista, compositor… ¿Cómo te presentás? ¿Sentís que alguna de esas cosas te representa más?

Es complicado… Yo siento que capaz que soy más un comunicador de cosas, a través de la música, en diferentes roles. Evidentemente tengo una influencia muy murguera porque fue donde me inicié, lo primero que vi cuando era un niño. Pero después, a lo largo del trayecto musical, me encontré con mucha gente -amigos, amigas, autores, escritores, instrumentistas, compositores y compositoras- que me han ayudado mucho, he colaborado con ellos en algunos discos, en vivo tocando, y he aprendido un poco del género canción. Pero no sé cómo definirme, soy un comunicador. De las cosas que dijiste me siento partícipe, ahora, no sé qué título le pondría. No sé si le pondría un título.

Decías que te acercaste a la canción colaborando con otros artistas. ¿Cuándo sentiste que tenías que empezar tu proyecto?

Se fue dando muy de a poco, porque al principio yo compuse algunas cosas para los espectáculos murgueros. Compuse para La Gran Muñeca, mi primera canción, que fue Bien de al lado y se estrenó en el 96, la compuse a fines del 95. Y después una sumatoria de canciones que fueron en espectáculos de la Contrafarsa. Murga Madre fue un espectáculo bastante bisagra, y ahí se me abrió un poco más la puerta: si bien el título tiene que ver con el género murguístico, abrí las fronteras de la composición y me animé a mezclar un poco más de cosas.

Yo soy bastante nuevo en la composición, hay bastante gente, una escuela más larga antes que yo que hace canciones, y muy buenas canciones. No es fácil hacer una canción y más cuando tenés gente que lo hace muy bien por muchas generaciones, que son maestros y maestras de la música uruguaya de hace mucho tiempo. Yo soy muy nuevo en esto, pero fui aprendiendo: al estar al lado de gente que hace canciones, uno observa cómo es la dinámica de trabajo, cómo ellos ensayan, con qué formas escriben, cómo componen de diferentes formas, cómo arreglan la canción, cómo la van estructurando, modificando, instrumentando. Toda esa gente ha sido muy importante en el camino para mí, como guía. Son referencias importantísimas. No referencias solamente para mí, son referencias para muchas generaciones. Yo a los 14 conocí a la gente de Canciones para no dormir la siesta, Rumbo, Rubén Olivera, Los que iban cantando, entre ellos Lazaroff, que tuve un acercamiento muy grande, y en el 87 integré ese grupo. Y un poco más adelante Fernando Cabrera, a Jaime lo conocí cuando tenía 17 años con Falta y Resto, y he participado en muchas grabaciones, discos, ensayos con sus bandas. Eso da un aprendizaje, y creo que ahí hay una parte grande de mis influencias y por otro lado de aprendizaje.

Te abriste de la murga a otras cosas. ¿Sentiste algún prejuicio por venir de la murga?

Yo me siento orgulloso de ser murguista. Creo que un espectáculo murguero es un espectáculo completo como pocos hay en el mundo, porque reúne la parte armónica en el coro, la parte rítmica, que lo que tocan es marciano y de una riqueza musical espectacular, el tramado del texto, la puesta en escena, la parte plástica: todo eso es maravilloso y es una escuela popular, yo tengo una escuela popular por un lado, y por otro lado de estudio. Pero es una escuela popular que te da mucha soltura, y tiene una cosa que lo académico no  tiene. Y lo académico es otro complemento, y muy importante, pero lo que te da el carnaval, el trajín de los ensayos, la dinámica de los ensayos, el ir al escenario y hasta muchas veces la improvisación, es interesantísima: la murga es genial, a mí me apasiona. Sí he tratado, a partir de la murga, de mezclar cosas, porque la murga canción viene de hace muchos años, no es que nace en la década de los 80. Está desde Los Olimareños, en Todos detrás de Momo, con diferente instrumentación, con otra estética, otra forma de toque de la mano derecha de los guitarristas, en diferentes acentos musicales. Todo eso fue cambiando. Pero también siento que hay una saturación, a veces está bueno correrse, dejar un poquito y después volver y ver qué uno puede hacer con el género.

¿Por qué una saturación?

Siento que hay muchas murgas canción, pero que tienen un lenguaje bastante parecido, que en sus contenidos no abren otras fronteras, que hay bastante lugar común en sus textos. Pero es un punto de vista muy personal. Entonces me parece que está bueno abrir hacia otro lugar la parte textual. No es fácil hacer una buena murga canción, porque hay muchas cosas que son buenas y cosas que son referentes en ese género, para mí: Jaime Roos es un referente, Galemire tiene buenas canciones también, entonces no es sencillo. Ese es mi punto de vista y la manera en que yo lo veo.

Más allá de la dificultad de componer, ¿te costó salir del ensamble que es una murga, o del ser colaborador de amigos o colegas, para tener tu proyecto y plantarte en el lugar de solista o frontman?

Es otra perspectiva. Con todos los músicos que toco y que forman parte de la banda son colegas que hemos estado en otros proyectos musicales, pero es otra cosa: uno tiene que llevar el espectáculo, por un lado, y son sus textos, por lo general, si bien hay alguna coautoría. Estar en la organización de ensayar, de ver cómo uno escucha su música,  quiénes integran la banda, con qué colores se va a grabar… Y el escenario también es otra cosa: yo como director hago el planteo armónico y dirijo, pero en este caso hay un trabajo musical desde la base mía de las canciones, pero los músicos también trabajan en la parte arreglística y yo muchas veces delego cosas porque siento que en alguna cosa específica, por ejemplo en los arreglos de guitarra de milonga, Nicolás Ibarburu y Ney Peraza son tipos muy experientes. Entonces, si bien se me puede ocurrir algo a mí, también abro la puerta porque ellos son muy buenos músicos. Y en el escenario también es muy diferente, cumplir el rol de dirigir una murga y estar de espaldas, y acá estás siempre de frente. Eso es un cambio, y tenés que hablar, tenés que llevar el espectáculo. Más allá de que es música hay un diálogo con la gente, eso lo fui aprendiendo en el camino.

¿Estuviste un tiempo sin tocar con banda?

Estuve un tiempo sin tocar con banda, tocando con ellos siempre pero por separado: a veces trío con algunos de ellos, a veces dúo con alguno de ellos, pero no juntos. Ahora volvemos a tocar juntos, después de un tiempo. No porque haya habido ningún inconveniente, sino que muchas veces por una cuestión económica, es difícil mover a toda la barra, y también por una cuestión de agenda, porque estos músicos tocan con mucha gente, a veces viajan y tocan con gente que no es de aquí y se hace complicado. Estoy contento porque ahora nos juntamos y tenemos una seguidilla de toques. La idea es poder seguir de largo y seguir tocando, yo disfruto mucho de tocar con banda, y cada vez que nos juntamos es como una fiesta, nos divertimos. Trabajamos, por supuesto, para hacer las cosas bien, pero es muy divertido.

En Uruguay está todo muy centralizado en Montevideo. ¿Cómo influye en tu composición y en tu forma de trabajar el hecho de vivir en El Pinar?

Hace unos años que no vivo en la ciudad de Montevideo, vivo en El Pinar ya hace 19 años, pero prácticamente el trabajo musical lo hago en Montevideo. En estos últimos tres, cuatro años, he viajado muchísimo al interior, cosa que no me pasaba antes, a tocar a diferentes lugares. Creo que me queda algún departamento que no toqué con mi proyecto, con otros proyectos sí conozco todos los departamentos, y he salido bastante al exterior. La ciudad de Montevideo también me ha dado inspiración, mucha inspiración a la hora de la composición, porque suceden muchas cosas, he vivido mucho tiempo en Montevideo, y porque el sonido montevideano es uno y el sonido del interior es otro. El sonido montevideano hace unas décadas era uno y ahora es otro, va cambiando, pero siempre uno está atento a las cosas que suceden en la ciudad, el sonido de la calle, los hechos artísticos que en invierno son unos porque son en espacios cerrados y en verano son lugares abiertos. Todas esas cosas generan, también, la observación y la escucha. Viviendo acá también tengo un espacio a veces que no es el sonido de la ciudad, es otro sonido que también me abre las orejas hacia otro lugar.

¿Cómo son esos sonidos de Montevideo y del Interior?

Lo que pasa es que en el interior también tenés el campo, y los sonidos que encontrás son el sonido del viento, el sonido de los pájaros, el sonido de los animales, los caballos, las vacas, los patos, los gansos. Si tú mirás hacia arriba, al cielo, hay mucha menos luz en el campo y se ven todas las estrellas y en los lugares que hay huecos empiezan a aparecer más. Sí el sonido de una ciudad del interior se puede aproximar al de Montevideo, tal vez, pero también es diferente porque las plazas del interior tienen un sonido particular, por lo general pasa algo con las motos que acá no pasa. Empezás a ver cosas diferentes.

¿Cómo es tu proceso de composición hoy en día?

Yo, por lo general, me agarro una rutina cuando no tengo fechas. Ahora tengo esta fecha y mi cabeza está puesta en el show, en ensayar, en que no falte nada, que estén todos los arreglos en el lugar, las canciones, las luces, el sonido. Y después hago una rutina de trabajo: cuando me pongo a trabajar para la composición trato de sentarme, ver con qué quedé el día anterior para seguir el próximo día. Pero no tengo un método fijo, porque a veces la canción sale a través del texto, a veces desde la idea, a veces de una imagen, a veces de un estado que uno tiene anímico; a veces con la alegría, a veces con el dolor. Y a veces desde la música: desde un riff, desde una melodía. Hoy charlaba con unos amigos y les decía que yo, por ejemplo, admiraba la forma de composición de Ruben Rada. Él compone a través de la melodía, porque los instrumentos que toca son de percusión. Y es maravilloso. Y así otros y otras artistas lo hacen de otra forma. Puede haber un momento de inspiración, pero lo que hay más es trabajo: sentarse y trabajar y trabajar. A veces pido la opinión de colegas que hace muchos más años que yo que están, les pregunto y ellos me dicen “esto está muy bien” y a veces me dicen “hay que trabajar más”. Esas cosas pasan.

¿Te cuesta ese momento de mostrar las composiciones o de pedir opiniones?

No, no me cuesta. Me cuesta componer, porque ya te decía hoy que hay mucha gente que hace canciones hace mucho más tiempo que yo y con un muy buen nivel, no solo musical sino letrístico. Escribir una buena canción no creo que sea una cosa fácil, a mí no me resulta fácil. Lleva tiempo, lleva elaboración, lleva encontrarla y pedir la opinión. Hay referencias anteriores, también. Tomá cualquier temática, ¿cuántas canciones de amor hay? Millones. Vos querés hacer una canción de amor y hay que buscar, decirlo de otra forma, que la melodía guste, que no sea parecida a determinada cosa.

Después de todo lo que has hecho, ¿tenés algo pendiente?

En realidad siempre intento conocer más gente, músicos, músicas, gente que está dentro del arte y no está dentro del arte también, porque se aprende mucho. Yo trabajé durante muchísimos años en los barrios, como docente, y ahí se aprende mucho porque te encontrás con alguien que tiene otro oficio y que a partir de su oficio te puede enseñar algo muy interesante, que es aplicable a lo que uno hace. Así que siempre hay cosas para aprender. Me quedan pendientes, quiero hacer un show con otra gente, poder participar, invitarlos, y si me invitan, divino. Hay que hacer cosas, esto no para.

Pilar Roca